martes, octubre 09, 2007

Piratas del Caribe

Para nadie es un secreto que la piratería musical en nuestro país está fuertemente establecida, incluso más que la educativa. Y eso ya es bastante decir. Ninguna calle de Venezuela está libre de esos pequeños tarantines de anime en los que se despliegan, sin ninguna vergüenza, cientos de CD-R con portadas mal impresas y una calidad de audio prácticamente nula. Los compran los policías, los ejecutivos de empresas, las secretarias, los heladeros, las amas de casa, los estudiantes, las señoras que hacen tortas para vender, los panas que alquilan teléfonos en la calle, las modelos de revistas de moda, los animadores de programas de Lotería y hasta las turistas europeas que visitan Venezuela en intercambios culturales. Sí, europeas gastando su dinero en compilados piratas que tienen en la portada fotos de chicas en trajes de baño diminutos, saboreándose sádicamente, como con ganas de seducir a los compradores.

El domingo, mientras esperaba el Metro en Chacaíto, un par de chicas rubias y medio gorditas se pararon a mi lado y empezaron a hablar en un idioma que no comprendí, pero que luego de ver la cantidad de saliva que salpicaban al pronunciar sus palabras, asumí que era alemán. Les pregunté y en efecto, eran de Dresden. Me contaron que estaban en Venezuela por un intercambio con no sé cuál fundación cultural y por lo que pude ver, entre las cosas que planean llevar de vuelta a casa están unos 8 ó 9 discos de merengue, reggeton y salsa erótica. Piratas todos, por supuesto. Este pequeño episodio me ha hecho pensar... ¿qué piensa un europeo cuando ve estas mini tiendas portátiles en la calle? ¿Qué les pasa por la cabeza cuando ven las portaditas calientes que acompañan los discos? ¿Será que los compran pensando que es una especie de audiolibro sexual? ¿En qué piensan cuando prueban el disco y descubren que sólo se escucha un solo canal o que sólo suena la mitad de los intrumentos que fueron grabados? Justo cuando me decidí a preguntarles, llegó el tren y cada quien siguió su camino pero seguro que algún europeo lee este blog y tarde o temprano nos echa el cuento.

Está de más decir que las opiniones locales también son bienvenidas, así que adelante.

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martes, octubre 02, 2007

Deposítelo, pero no me hago responsable

Después de la calma viene la tormenta. Hoy el día fue un desastre y estuvo lleno de pérdidas de tiempo y gente incompetente que hizo su mejor esfuerzo por eliminar hasta el último destello de tranquilidad y buena vibra que dejó el primer día de Octubre.

Todo empezó temprano, cuando ingenuamente tomé de nuevo ese autobús que suelo obviar en las mañanas, pensando que tal vez se repetiría la historia de ayer. Fue un error, por supuesto. El autobús estaba conducido por un señor de 60 años más o menos, que tenía la paciencia necesaria para conducir a 5 Km/h pero no la suficiente para evitar una absurda discusión con uno de sus pasajeros. La persona en cuestión -una señora mayoricta- le reclamó al conductor por haber incluido un billete estropeado en su "vuelto". Pensé que sería un pequeño roce pero en segundos la cosa se convirtió en una insoportable discusión que incluyó elementos de lenguaje tipo C y un par de gestos obscenos. Lo peor es que millones de padres en el mundo siguen exigiéndole a sus hijos que sigan el ejemplo de "los mayores". No hay vuelta atrás, nos estamos yendo al demonio.

El segundo incidente sucedió a mediodía, en el banco. Fuí a depositar un cheque a mi tarjeta de crédito prepagada (que sólo uso cuando viajo o compro cosas por internet) y cuando llego a la taquilla, la cajera me dice que no puedo hacer la operación porque el cheque debe ir a nombre del banco y no del titular de la tarjeta, en este caso, yo. Me pareció raro porque tengo 3 años haciendo ese tipo de operaciones y nunca había tenido problemas, así que le pido a la chica que por favor consulte con algún superior, sólo para estar seguros. La cajera se dirige al Sub-Gerente del banco y éste le dice que no hay manera de realizar el depósito con el cheque a mi nombre, así que la chica regresa y me explica lo que recién les conté. Ya en ese momento entendí que si quería salir rápido de allí, tendría que hacer las cosas yo mismo así que fui hacia el Sub-Gerente y tuve una conversación, más o menos así:

- Buenas tardes señor, quería hacer un depósito a mi tarjeta de crédito prepagada y la cajera me dijo que usted le dijo que no puedo hacer la operación porque el cheque tiene que ir a nombre del banco y no del titular de la tarjeta, que soy yo. ¿Es eso cierto?

- Sí, todos los cheques que sean para pagar Tarjetas de Crédito deben hacerse a nombre del banco.

- Entiendo. Sin embargo, mi tarjeta de crédito es prepagada, es decir, dice Master Card pero en realidad funciona como una tarjeta de débito ya que el banco no puede financiar ninguna de mis compras. Por eso las llaman prepago, ¿sabía?

- Sí, pero usted quiere pagar su tarjeta de crédito y eso sólo puede hacerse en efectivo o depositando un cheque a nombre del banco.

- A ver, amigo, trataré de explicarme mejor. Mi tarjeta de crédito es prepagada, funciona así: yo le deposito dinero para poder usarla porque el banco no puede financiarme nada, de hecho, si quiero comprar algo cuyo precio supera el monto que tengo disponible en la tarjeta, sencillamente el banco rechaza la operación. En teoría es una tarjeta de crédito, pero en la práctica es una tarjeta de débito. Lo que quiero es sumarle dinero al saldo que actualmente tengo disponible para así poder comprar un par de cosas en internet.

- Si, pero tiene que hacer el cheque a nombre del banco.

- ¿Pero cómo coño voy a emitir un cheque a nombre del banco cuando no les debo nada? Este depósito que quiero hacer no es para pagar una deuda asociada con un crédito, es para aumentar el "límite" de mi tarjeta, porque es una tarjeta prepagada. Ahora si me entiende, ¿verdad?

- Bueno señor, yo le hago el depósito pero no respondo.

- Mira idiota, yo vengo acá porque veo que sobre tu mesa hay una plaquita que dice Sub-Gerente y pensé que conocías la mecánica de las operaciones que la gente comúnmente hace en este banco. No sólo eres un incompetente por no tener idea de como funcionan las cosas acá, sino que además tienes la actitud de un niño de 10 años. ¿Cómo me vas a decir que tú vas a depositar el cheque pero no te haces responsable? Precisamente, tu deber es hacerte responsable por las cosas que suceden acá y si tienes dudas respecto a lo que se puede o no se puede hacer, consúltalo y preocúpate por solventar el problema. Yo tengo 3 años depositándole a mi tarjeta con cheques a mi nombre, así que levanta ese teléfono que tienes sobre la mesa y llama a quien tengas que llamar para asegurarte de que este cheque que voy a depositar termine abonado a mi tarjeta de crédito, ¿entendido?
- (silencio, media vuelta y caminata hacia la caja)

Cinco minutos después, el deposito estaba hecho aunque el Sub-Gerente me amenazó -desde lejos- diciéndome que seguro lo iban a devolver en "Compensación". No siendo suficiente, la página de Central Banco Universal me da un error cuando trato de verificar el depósito a través de su inútil página web. Vaya banco de mierda.

El destino me cantó el tercer strike al final de la tarde, en el Metro. No compré mi boleto de regreso porque las 2 taquillas de ventas estaban cerradas, aparentemente debido a un problema técnico y como no estaba dispuesto a esperar 20 minutos a que arreglaran las máquinas, decidí dejar la compra para más tarde. Claro, no debí hacerlo. A las 6:45 pm llego al Metro y la cola era anormal: 60 personas, más o menos, todas en fila india frente a la única taquilla que estaba operativa. Además -y como era de esperarse- ninguna de las máquinas dispensadoras de boletos funcionaba. Duré entonces 20 minutos en una cola para poder comprar mi ticket de regreso, mientras afuera llovía y la energía eléctrica jugaba a las escondidas cada tanto tiempo.

Me subo al tren, lidio con los empujones que suele regalarnos Chacaíto, llego a Plaza Venezuela y camino hacia la parada del Metrobus que me deja a 1 cuadra de mi casa. ¿Cuál fue la sorpresa? 30 personas esperando en fila. Lo peor no fue eso, sino la hora y media que demoró el puto autobús en llegar. Luego, 25 minutos más para recorrer las 7 cuadras hasta mi casa. Un desastre.

Finalmente llegué a casa, enciendo la compu y sorpresa: no hay conexión a internet. ¡C** de la p*** madre! Reviso el router y está bien, chequeo los cables y todo está en orden; sin embargo, la señal no aparece. En un ataque de ira, desconecto todo y vuelvo a enchufarlo luego de unos segundos. Unas lucecitas aparecen tímidamente en los aparaticos y rápidamente la señal regresa a su puesto de trabajo, justo a tiempo para darme la oportunidad de escribir esto antes de irme a dormir. Será hasta mañana.

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lunes, octubre 01, 2007

Fiebre del lunes por la mañana

Hoy parece que será un buen día. Apenas son las 9:20 am y ya este lunes -extrañamente- me ha regalado un par de buenos momentos, que además tuvieron su respectiva antesala. Ésta se desarrolló en la cocina de mi casa entre las 7:20 am y las 8:30 am, mientras preparaba algo de café y desayunaba al ritmo de The Who. Un espléndido banquete, si señor.

Luego salí de casa y tomé un autobús que normalmente prefiero pasar por alto, básicamente porque da más vueltas que las estrictamente necesarias para llegar a la estación del Metro a la que voy todos los días, pero por alguna razón hoy decidí darle una oportunidad al carrito y la sorpresa fue estupenda: el chofer estaba escuchando un disco con piezas de los Four Tops y bandas con un estilo similar a las que formaron parte de Motown (o Tamla-Motown, como era conocida esta clásica discográfica fuera de los EEUU) es decir, música hecha por afroamericanos que de alguna manera reflejó en su momento una importante integración racial.

No me lo podía creer. Allí estaba yo, escuchando doo-woo/soul/pop en una unidad de transporte público venezolano que parecía estar poseída por el buen gusto. Me sorprendió tanto que llegué a la oficina y le envié un correo a los socios de Robert Ripley contándoles lo que me pasó esta mañana y éstos, inmediatamente, me respondieron exigiendo un poco de respeto, explicándome que el trabajo que llevan haciendo desde 1918 es totalmente serio y pidiéndome, de forma poco amistosa, que fuera a tomarle el pelo a cualquier otro mortal, escribiendo un perfil interesante en Facebook o suscribiéndome a uno de esos foros que abundan en internet, donde miles de personas se llenan la boca diciendo que vieron a Elvis Presley en algún lugar del planeta. Bah, pamplinas.

Lo otro que me hizo sonreir esta mañana fue el gesto de un desconocido en la estación de Metro, que frustró el escape de una moneda que cayó al piso mientras yo lidiaba con el ticket y los otros 10 circulitos de 50 Bs. que me dieron de vuelto en la taquilla. El pana tomó a la desertora, esperó que yo terminara de organizar a sus compañeras y amablemente me la devolvió. Sí, quizá parece una tontería, pero creo que nos hemos convertido en seres tan indiferentes y egoístas que este tipo de cosas afrotunadamente logran romper -aunque sea por unos segundos- el trance individualista en el que nos sumergimos cada cierto tiempo.

En fin, ya transcurrieron 90 minutos desde el momento en que empecé a escribir este post (una breve reunión de status se interpuso) y considerando que esta noche finalmente podremos jugar futbolito (tal vez las 10 chicas de la vez pasada estén cuando lleguemos), me pongo a pensar que después de todo, los lunes sí podrían ser divertidos. ¿O no?

Update:
11:15 pm
Justo cuando uno piensa que las cosas no pueden salir mal... no salen. Tal como se esperaba, este lunes en particular estuvo bien fino, con juego de futbolito incluido (aunque sin las chicas y sus franelas mojadas) y una jornada de trabajo divertida que transcurrió rápidamente. Que vengan más lunes así, por favor.

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martes, septiembre 25, 2007

Se buscan muñequitos de plastilina

Casi 10 días sin escribir acá, básicamente porque no conseguía ni tiempo ni ganas de hacerlo. Y ni hablar del GustaPOD, que ya tiene poco más de 5 meses en posición de descanso. Un desastre. El rollo está en que por alguna razón, siento que los días no me rinden para hacer todo lo que tengo anotado en el cuaderno Caribe que guardo celosamente bajo la cama y que contiene las cosas que poco a poco debería ir concretando a corto plazo... postear de una vez por todas el episodio 11 del GustaPOD, escribir con más frecuencia en el blog, comprarme un iPod, conseguirme una novia europea para irme a vivir a Suiza, leer las 35 revistas que compré en Buenos Aires, organizar el iTunes, comprar un libro sobre Teoría del Color, hacer un curso de dibujo e ilustración, aprender fotografía, comprarme una silla decente y la lista sigue y sigue y sigue.

Afortunadamente, hay algunas cosas que no estaban contempladas y de pronto parece que empiezan a tomar forma. Por ejemplo, un programa de radio en una emisora de Caracas. Nada seguro hasta ahora, pero aparentemente hay buenas posibilidades de lograr algo en ese sentido, así que ya escribiré de eso si se concreta. Por otra parte, hoy en el Metro, una chica -que no tengo idea de donde la conozco pero que sé que me conoce- me comentó algo acerca de un cortometraje en el que quiere que participe... como actor. Sí, leyó bien, como actor. La propuesta me tomó por sorpresa, no sólo porque me resulta imposible recordar quien es la chica que amablemente se me acercó en el Metro y segundo, porque la idea de participar en un proyecto audiovisual como ese me infunde una especie de miedo escénico incontrolable. Yo no fui hecho para eso; lo mío, si acaso, es la radio. Además, con sólo pensar que tendré a un tipo diciéndome que llore o me ría cuando seguramente no tendré ganas ni de llorar ni de reír, pues me intimida un poco. Para cautivar audiencias se necesita talento, como el de este Bono que pillé en TVE hace unos días y más tarde en Nopodemosmas:



No hay duda, para causar ese efecto en el espectador hay que tener madera. Además, saber que habrán cámaras rodando, gente que puede llegar a perder horas de trabajo porque yo no logro recordar mis parlamentos, el maquillaje, las luces y el resto de las cosas que acompañan este tipo de proyectos me hacen pensar que debo declinar, sutilmente, la oferta cinematográfica. Sin embargo, voy a leer el guión, al menos para saber de lo que me pierdo.

Ya para terminar, si hay alguien que sepa trabajar bien con plastilina y quiera ayudarme con un par de personajes que necesito moldear para tomar una foto, digan presente justo al final de este post.

Escuchando: Ozzy Osbourne - "Over The Mountain"

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viernes, agosto 17, 2007

No, gracias

Vaya cosas que tenemos los humanos. Hoy, camino a la agencia, sucedió algo que no deja de hacerme pensar cada vez que me toca presenciarlo y tiene que ver con el hecho de que los ancianos tienden a no aceptar que son ancianos. Por ejemplo, hoy en el Metro intenté cederle el puesto a un señor de 60-70 años, no con la intención de subestimar su condición sino por respeto, por consideración. Es algo que procuro hacer cada vez que tengo chance y la gran mayoría de las veces, la primera respuesta que recibo es "No". Es como si yo les lanzara una piedra y ellos delicadamente sacaran el escudo para protegerse de la supuesta agresión, que en realidad es un simpático detalle.

En fin, luego de ofrecerle mi puesto al señor en cuestión, éste reacciona rápidamente diciendo que no es necesario... sonríe cálidamente y hace una pequeña seña. Una negación en plan "no hijo, gracias, no hace falta". Regreso a mi asiento y a los 3 segundos el señor avista un puesto desocupado al fondo del vagon, camina lentamente mientras se tambalea a causa del movimiento del tren y finalmente se sienta. No hay duda de que habría sido más cómodo sentarse en mi puesto, que estaba a 3 pasos de él, pero aparentemente esa era una alternativa que no era considerable. Poco honorable, quizá.

Mientras esto sucedía, era inevitable pensar 2 cosas: la primera, que quizá me veré en la misma situación dentro de unas cuantas decenas de años y la segunda, imaginar toda la escena acompañada por "All Those Yesterdays" de Pearl Jam, razón por la cual colgaré esto:



Y para terminar, también dejaré caer este video que me envió hace poco mi amigo marcocaceres:



Véanlo completo, por favor.

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jueves, julio 26, 2007

The Metro Recordings

Entrada de rigor, un poco para mantener activo este espacio y seguir dando excusas respecto al largo receso del GustaPOD. Como creo haber comentado en este espacio, me mudé a Caracas hace un par de semanas y algunas cosas no terminan de llegar, como por ejemplo mi iMac con todo el material del episodio N° 11 que grabé hace más de un mes. No quise traerla conmigo en los Aeroexpresos del Infierno porque sinceramente temo que la destruyan en el trayecto, o la mojen por completo, tal y como hicieron con mi maleta la vez pasada. Así que mejor espero a que alguien venga de Barquisimeto y la traiga, sana y salva. Una vez que esté aquí, el GustaPOD verá la luz del cyberespacio rápidamente, lo prometo (una vez más).

Además, tengo en mente unos cuantos invitados para los próximos episodios que si logro contactarlos y concretar una participación, la segunda temporada del GustaPOD va a estar, eh, interesante. Por cierto, el sábado pasado Edelweiss tuvo la amabilidad de llamarme para conversar en su programa de radio Makin@, donde mencionamos rápidamente algunas cosas del GustaPOD y la reseña que salió en El Universal en días pasados. Pueden escuchar una versión sin cortes comerciales del programa aquí. Mil gracias por el detalle Ana :)

Ya para terminar, y darle un toque amargo a este post tan optimista, la lista de cosas por comprar cada vez se hace más larga mientras que el dinero se reduce a un ritmo espeluznante. Algo tendrá que ver con el precio de la vida en Caracas, donde una cerveza puede costar 10 mil bolívares y una carrerita en taxi -de un sitio a otro no muy lejano- puede alcanzar la módica suma de 20 o 30 mil bolívares. Hay mil ejemplos más, que no mencionaré aquí para no deprimirme; más bien prefiero seguir mi plan de ahorro y rogar que las cosas que tengo en mente se mantengan en el precio actual hasta que logre tenerlas conmigo. Amén.

¡Ah! Por cierto, antes que olvide mencionarlo... creo que una de las cosas que compraré es una pequeña grabadora de audio portátil para llevarla conmigo a todos lados, sobretodo en el Metro, donde seguramente me divertiré recopilando sonidos y conversaciones similares a las que tanto me han sorprendido últimamente. El Metro es finísimo, siempre me ha gustado y ahora que he regresado a Caracas luego de tanto tiempo, lo consigo interesante y agotador, todo al mismo tiempo. Algunas estaciones son insoportables (como Plaza Venezuela, por ejemplo) pero otras son tranquilas (como Altamira o Los Cortijos) y hasta atractivas (por las chicas que se ven, claro está). Total que espero coleccionar una buena cantidad de cosas que quizá vean la calle en forma de podcast, remix o que se yo. Veremos después.

Escuchando: Devo - Deep Sleep (LP Version)

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